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El testigo en la literatura de la frontera: la obra testimonial de Pascual CoñaEn 1930 la Revista Chilena de Historia y GeografÃa publica el libro Vida y costumbres de los indÃgenas araucanos en la segunda mitad del siglo XIX, consignado bajo la autorÃa del sacerdote capuchino alemán Ernesto Wilhelm de Moesbach, El documento publicado es el testimonio del anciano longko mapuche Pascual Coña, excelente hablante de la lengua, dictado en mapudungun al padre Moesbach entre 1924 y 1927 en la región del lago Budi (Puerto DomÃnguez, Chile) y acompañado de su traducción al español producida por el citado misionero. La obra contó con la colaboración efectiva para la transcripción y traducción al español del lingüista Rodolfo Lenz, quien además escribe el prólogo del libro.Según el mismo Lenz, ‘se trata de una obra única’. AsÃ, afirma en su prólogo: ‘No he visto nunca una descripción tan detallada de costumbres sudamericanas, dada desde el punto de vista del indÃgena mismo’. Y continúa: ‘La obra presentada por el P. Ernesto es de un valor enorme, incalculable para la lingüÃstica araucana, la etnologÃa chilena y la psicologÃa étnica en general’. También pondera su valor lingüÃstico particular: ‘el texto mapuche es absolutamente fidedigno y es una feliz casualidad que esté escrito en el mismo dialecto analizado por Fray Félix José'(Se refiere a Félix José de Augusta, misionero capuchino alemán, autor de la Gramática araucana (Valdivia, 1903), las Lecturas araucanas (Padre Las Casas, 1934) y del Diccionario español-araucano(1915) y araucano-español (1966)). Sin embargo, la intención de esa publicación no era solo cientÃfica. El mismo Lenz lo reconoce en otro pasaje de su prólogo, la biografÃa de Coña nos muestra cómo se civiliza un indÃgena con la ayuda del clero que le enseñó sus primeras letras (p. 5). Como afirman varios analistas y crÃticos de esta obra (Foote, 2012; Pavez, 2016, en prensa, entre otros), su publicación en aquel momento de la historia de Chile responde a una función polÃtico-ideológica clara, la de mostrar un modelo a seguir, el ‘civilizatorio y asimilacionista’ (Caniuqueo, 2014). En ese modelo, no solo el pueblo mapuche, sino su lengua, estaban destinados a desaparecer. Tanto Moesbach como Lenz afirman que la lengua de Chile se desvanecerá como lengua viva a medida que avance y se extienda el modelo civilizatorio. En palabras de Lenz, ‘la lengua de Chile en algunos decenios solo será hablada por pocos indÃgenas que viven apartados de los chilenos’. El destino que prevén para el mapudungun es el de convertirse en lengua muerta (Voloshinov, 1992 [1929]), signos lingüÃsticos sin vida social sobre los cuales, como afirma Lenz en su prólogo, se pueda preparar ‘un estudio gramatical abstracto,puramente filosófico’ que se deberÃa llevar a cabo prescindiendo de las categorÃas del latÃn. |
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