Trabajadores, villanos y amantes: encuentros
Trabajadores, villanos y amantes: encuentros entre indÃ...
Somos un mismo pueblo con culturas diversas
Español
1992-01-01
Cuando los mercaderes e intérpretes que Andagoya habÃa llevado desde la provincia del Birú (actual Chocó), le informaron a Pizarro sobre lo que existÃa al sur del mar PacÃfico, su interés se centró en descubrir y conquistar el Pirú. Aunque el término es una corrupción de Birú, los europeos aceptaron que todo lo que existÃa desde el golfo de San Miguel hacia el sur era Pirú. Desde entonces el Pirú se convirtió en una magnitud unificada, en un sueño que sólo podÃa tener representación en la realidad a través de grandes tesoros y riquezas. Cuando Cortés supo de México Tenochtitlan, se lanzó a la conquista de un gran imperio, que después de sojuzgado se llamarÃa la Nueva España. Otras conquistas realizadas tanto al norte como al sur de lo que serÃan los grandes virreinatos de México y Perú, parecen desleÃrse entre el asombro que causo en Europa la fastuosidad de ciudades, riquezas, mercados y sistemas de control polÃtico que imperaban en los dos extremos de lo que hoy es nuestra América Latina. En contraste con este espectáculo de magnitudes que cambio la faz del mundo, la Tierra Firme apenas aportaba volúmenes modestos de riquezas, que invitaban a tozudos empresarios a no abandonar un destino que ilusamente les abrirÃa las puertas de un dorado. La riqueza del Nuevo Mundo era proporcional a las culturas descubiertas y, durante 40 años (1550-40), en la actual Colombia, los europeos fueron engarzando a sus conquistas un rosario de pueblos, esparcidos por las llanuras, los valles interandinos y los Andes septentrionales. Esta aparente pobreza, sin embargo, atraÃa y suministraba a quienes iban llegando con sus fardos vacÃos, láminas, figurillas y pepitas de oro con que inflaban de esperanzas, la ilusión de una vida de honor y de grandeza. Hecho de culturas minúsculas, como de complejas organizaciones polÃticas, el territorio de la actual Colombia ofrecerÃa toda su riqueza a miles de conquistadores, para que pudieran constituir una sociedad en donde la estructura del poder pudiera organizarse con gran autonomÃa local y regional. Al final Colombia disponÃa de una riqueza diseminada en multiplicidad de centros de producción. Sobre su territorio nunca hubo una unidad polÃtica, ni hegemonÃas de caciques y señores prehispánicos, sino una gran diversidad de empeños y de culturas, fundamentados todos sobre recursos ocultos bajo una gran magnitud dispersa.
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